Salario mínimo: ¿Demagogia o técnica?

Al  proponernos un objetivo podemos elegir, genéricamente, dos caminos, uno más fácil que el otro, y tendemos a irnos por el fácil así no nos garantice el objetivo plenamente… ¡algo, es algo!.

Los gobiernos y los ciudadanos tienden a tomar el camino corto, que es el de declarar leyes y normas, como en el caso del ‘salario mínimo’, que se legitima al defender el valor de la ‘solidaridad’ hacia el trabajador, para que este pueda aspirar a tener un ingreso que le garantice un mínimo de calidad de vida. Pero, ¿es este el mejor camino para llegar a una población con una buena calidad de vida, en otras palabras, unas crecientes clases medias?:

El primero de los caminos, como ya lo dijimos, es el de declarar por decreto o ley un ‘salario mínimo’, al que se le suman un auxilio de transporte, los aportes a seguridad social (salud y pensiones), más los parafiscales ( ICBF y SENA). En total el salario que percibe el trabajador es de $566.664* o $634.500 (con el auxilio de tansporte), aunque, para el empleador, el  costo real de ese único empleado es de al rededor de $980.000*. Obviamente los que tengan garantizado un mínimo (o un sueldo contabilizado de acuerdo al Salario Mínimo Legal) celebran que aumenten más el llamado ‘salario mínimo’, pero los que ganan menos no tendrán muchos motivos para alegrarse, ya que lo aleja aún más de ese “mínimo” de ingreso. Es más, si un trabajador percibe ese ingreso, pero no tiene el puesto garantizado, estará en peligro de perder su empleo, ya que el salario del trabajador es la compensacion por la productividad marginal que este aporta, por lo tanto, el empleador formal buscará trabajadores productivos, es decir, los que estén mejor capacitados para su empleo.

Concluyendo esta parte: podemos decir que los que ganan son las clases medias y altas que estén mejor capacitados para sus empleos. Lo que se justifica con dos argumentos, el de la solidaridad y el económico, ya que aumenta el consumo de los trabajadores y, en general, de la economía. Entre los  argumentos en contra es el desbalance que se genera entre la productividad y el consumo, lo que alienta la inflación; y , por otro lado, el desempleo e informalidad que genera entre las clases con menos formación, las clases más bajas.

El segundo camino para aumentar el ingreso medio de los trabajadores es el “difícil”, o menos concurrido, es el de formar un buen capital humano y alentar la libertad empresarial.

Para esto hay que fortalecer el sistema educativo en calidad y pertinencia en todos los grados, la estimulación desde la primera infancia, la educación primaria y la secundaria vocacional, deberían ser las principales preocupaciones de los gobiernos que quieran fortalecer la economía y mejorar la calidad de vida de sus gobernados.

La educación profesional y técnica no chocan entre sí, al contrario, se complementan, los abogados, ingenieros, médicos, etc. necesitan de los mecánicos, secretarias, etc., y a su vez estos necesitan de los trabajadores con formación universitaria. Apartir de la evaluación de la demanda de profesionales y técnicos los gobiernos pueden generar los subsidios estatales (a la oferta y/o demanda), y los privados ofrecer sus servicios educativos acorde a la demanda.

El sector privado es la base de la economía, fomentando el emprendimiento, la innovación, la investigación y fortaleciendo la inversión interna y extranjera. Para esto debe haber un buen clima económico: baja inflación, seguridad jurídica, buena infraestructura, impuestos bajos, menos tramitología y un excelente capital humano.

La primera preocupación no debería ser la cantidad del “salario mínimo”, la discusión sobre el salario de los trabajadores debe ser más profunda.

(*Salario Mínimo 2012

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